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Caer y volverse a levantar: Las siete vidas de Ainhoa López

Foto vía: David Subirana Macia

Imagen de portada vía David Subirana Macia


Ainhoa López no solo ha sobrevivido a dos enfermedades graves, sino que ha regresado a la cancha con la misma intensidad de siempre. Su historia es la de una deportista que, pese a las adversidades, se niega a renunciar a su pasión y quiere seguir disfrutando del baloncesto. Un ejemplo de resiliencia y un espejo en el que mirarse para saber afrontar las dificultades de la vida.

En mayo de 2024, después de una temporada brillante con el Spar Girona, su cuerpo le jugó una nueva mala pasada. Sin previo aviso, se desmayó al llegar a casa de sus padres en Barcelona. «No notaba gran cosa. Al acabar la temporada me quedé entrenando una semana más en Girona y me notaba cansada, tenía dolores de cabeza, pero hasta que no llegué a casa de mis padres no me desmayé. Supongo que fue supervivencia, algo instintivo«, explica en una entrevista con El Mundo. Cuando llegó al hospital, su hemoglobina estaba en 3,5, un nivel crítico que pudo haberle causado un colapso en cualquier momento.

El diagnóstico fue una anemia hemolítica autoinmunitaria, una enfermedad rara que obligó a los médicos a realizarle 12 transfusiones de sangre hasta encontrar el tratamiento adecuado. «Fue sobrevivir cada día, luchar hasta encontrar la medicación adecuada«, recuerda. Su recuperación fue lenta y dolorosa, pero su energía vital no se apagaba.

La historia se repetía. En 2022, había sido diagnosticada con un linfoma de Hodgkin que la alejó del baloncesto justo cuando se encontraba en su mejor momento. «Fue el 18 de enero de 2022, siempre lo recordaré. Me empecé a notar unos bultitos en el cuello y fui al médico porque me insistía mi madre«, recordaba Ainhoa. Durante meses, se sometió a quimioterapia y radioterapia, pero nunca perdió de vista su objetivo: volver a jugar. Y lo logró.



Cuando superó la anemia, el ansia por regresar la llevó a cometer un error: apresurarse demasiado. «Me ha costado mucho ponerme en forma esta temporada porque quise volver muy rápido, me hice una fractura de estrés en el pie izquierdo y fue un tormento. Tenía unas ganas locas de volver a pista, pero tenía que quedarme en el gimnasio. Veía a mis compañeras jugar y yo ahí, haciendo ejercicios de fuerza«, explicaba en la entrevista con El Mundo.

La espera fue difícil y seguramente hubo momentos muy complicados a nivel mental, pero finalmente, estas semanas, su esfuerzo se ha visto recompensado. Anotó cinco puntos contra Osés Construcción en su regreso y sintió el calor de su equipo y afición.

Ainhoa podría haberse preguntado una y otra vez por qué le ha tocado enfrentar tantas dificultades en tan poco tiempo, pero ha decidido mirar hacia adelante y luchar contra todo. «Obviamente, cuando estaba en la UCI por la anemia no entendía por qué me había vuelto a tocar. Pero ya está, son cosas que pasan. Ahora digo que soy como un gato, que tengo siete vidas y sólo he gastado dos. Me quedan cinco. Tendréis que aguantarme mucho más tiempo. Sigo viva y muy agradecida por haberme recuperado. Especialmente a la sanidad pública porque realmente la he utilizado«.

Su madre, preocupada, le preguntó si había pensado en dejarlo. «Ser deportista profesional implica un entrenamiento exigente y mi madre sí me lo sugirió, pero le respondí que ni de coña. No se me pasa por la cabeza«. Su pasión por el baloncesto sigue intacta, y su personalidad como jugadora no ha cambiado: «Tengo mi juego, mi carácter y sólo necesito más entrenamientos, más partidos, más ritmo competitivo. Me caracterizo por ser una jugadora explosiva, una luchadora, y esa personalidad sigue ahí«.

Ainhoa López no solo ha vuelto a la cancha y ha demostrado una vez más su coraje, sino que se ha convertido en un símbolo de resistencia y un ejemplo de vida. «Quiero devolver ese amor en la pista y ayudar con estas entrevistas para dar visibilidad. Como deportistas podemos hablar de temas que muchas familias viven en silencio«.

Su historia demuestra que la verdadera victoria no es solo ganar partidos, sino encontrar la fuerza para seguir jugando la vida con la misma pasión que en la cancha, sin importar cuántas veces haya que volver a empezar y todo lo que haya que pasar. Ainhoa es muy especial y su legado será imborrable.




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