
Diana Taurasi no es solo la mejor jugadora en la historia de la WNBA, es una leyenda del baloncesto que cambió el juego para siempre. Su retiro marca el fin de una era, pero su legado quedará grabado en la memoria de todos los que amamos este deporte porque lo ha dado todo durante varios décadas. Después de 20 temporadas con las Phoenix Mercury, seis medallas de oro olímpicas y una carrera repleta de hazañas, Taurasi deja las canchas con la misma grandeza con la que jugó cada partido y de una forma acorde a su figura. En silencio, sin que nadie se lo espere y sin la ansiada gira de despedida que pedían los fans.
Desde el primer día, Diana demostró que no había límites para su talento y ambición, teniendo una mentalidad única y bien apodada como ‘White Mamba’ por Kobe Bryant. Con 10,646 puntos en temporada regular siendo la mejor jugadora ofensiva de todos los tiempos, tres campeonatos de la WNBA y múltiples MVP, su impacto estadístico es innegable. Pero su verdadero legado no se mide en números aunque sean increíbles, sino en la inspiración que dejó en cada jugadora que soñó con ser como ella, en cada fanático que vibró con su juego y en cada rival que tuvo el honor de enfrentarla.
Cuando Diana era pequeña se tenía que fijar en los jugadores de la NBA porque no tenía referentes femeninos. Ahora, muchísimas niñas quieren ser como Diana Taurasi.
Su pasión, su carácter indomable y su instinto ganador la convirtieron en un ícono único. Nunca habrá otra jugadora como ella. No había desafío demasiado grande ni momento demasiado difícil para Taurasi. Con su liderazgo, desafió estereotipos de la sociedad, elevó la WNBA y llevó el baloncesto femenino a nuevas alturas que eran desconocidas antes de existir ella. Su huella no solo se siente en Estados Unidos, sino en cada rincón del mundo donde alguna vez rebotó un balón con su nombre.
Ahora, Diana se despide, pero su historia jamás terminará. Su legado vivirá en cada niña que lanza un triple imaginando ser ella, en cada aficionado que recordará sus momentos de gloria y en cada jugadora que seguirá su ejemplo. Su impacto en el deporte es eterno y hay un claro antes y después de la irrupción de Taurasi.
Gracias, Diana, por cada canasta imposible, por cada título, por cada vez que llevaste el baloncesto femenino a otro nivel siendo tu estandarte de guerra. Gracias por nunca conformarte y ser un espejo en el que mirarse, por hacer del baloncesto un espectáculo y por demostrar que el talento, la garra y la determinación pueden romper cualquier barrera y hacer cosas que parecen imposibles.
El baloncesto te extrañará, pero jamás te olvidará. Hoy no solo se retira una jugadora, sino la más grande de todos los tiempos.
Imagen de portada vía FIBA
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