
Hay mil biografías, un libro, documentales y otras formas de conocer la historia de una de las personas que lo ha cambiado absolutamente todo en el mundo del deporte y que ha dejado una huella imborrable en España. Pero nunca está de más tener otro enfoque que cuente el impacto que ha tenido Aitana Bonmatí en la vida de miles de personas, convirtiéndose en una referente y un espejo en el que mirarse para las nuevas generaciones.
Una historia que empezó el 18 de enero de 1998 en Sant Pere de Ribes y que rompió todas las barreras posibles hasta convertirse en una figura mundial, respetada por lo que ha hecho dentro del campo y por todo lo que representan sus valores fuera de los terrenos de juego.
Solo tiene 27 años, pero hablar de Aitana a día de hoy es hacerlo de una futbolista que ha elevado el nivel del fútbol femenino hasta puntos que eran impensables cuando ella empezó a jugar en el C.D Ribes cuando era muy pequeña.
Lucha y reivindicación en el ADN
Para empezar a hablar de los orígenes de Aitana, hay que dejar por un momento de lado el fútbol y conocer su familia, la historia detrás de tener primero el apellido materno y como la reivindicación forma para de ella desde siempre.
Los padres de Aitana, ambos profesores y defensores de la igualdad de género, se encontraron con una barrera legal cuando quisieron que su hija llevara primero el apellido materno. Recordemos que la normativa de la época lo impedía. Así que optaron por inscribirla únicamente con los apellidos de su madre como forma de protesta.
Su caso ganó visibilidad cuando su madre expuso la situación en medios de comunicación, lo que contribuyó al debate sobre la necesidad de un cambio legislativo. En 1999, se aprobó una reforma que permitió a los padres elegir el orden de los apellidos, y en el año 2000, tras la entrada en vigor de la nueva ley, pudieron registrar a su hija con el apellido materno en primer lugar. Este logro marcó un avance en la igualdad de derechos en España e influyó mucho en la forma de ser de Aitana.
Su ADN tenía implícito que hay que luchar por las causas que uno piensa que son importantes. Una mentalidad que no solamente la ha acompañado en aspectos de la vida, sino también en el deporte y se ha convertido en su bandera. El talento importa, pero el trabajo y la constancia mucho más.
Sus inicios en el fútbol
Bonmatí inició su camino en el fútbol en la escuela y posteriormente en el C.D. Ribes, antes de unirse al C.F. Cubelles. Allí tuvo que competir exclusivamente con niños, ya que no había otras niñas en los equipos, lo que supuso un desafío para ella. En un deporte marcado por los hombres, ella tenía que hacerse un hueco afrontando muchas más adversidades que cualquier chico que estuviera en su misma situación.
En su búsqueda de un equipo femenino, a los 13 años fue descubierta por ojeadores del F.C. Barcelona, quienes le ofrecieron la oportunidad de probarse allí y de unirse a su cantera.
Para evaluar su nivel, la invitaron a participar en un torneo infantil en Tàrrega, donde vistió por primera vez la camiseta azulgrana. Su destacado desempeño le valió ser elegida mejor jugadora del torneo y asegurar su incorporación a La Masía, donde comenzó a entrenar con su nuevo club.
En 2013, ganó la liga Juvenil de España con el Barcelona, aunque no logró conquistar la Copa Cataluña tras caer en la tanda de penaltis ante el C.E. Sant Gabriel. Su progresión fue tan rápida que ese mismo año fue considerada la revelación en fútbol base.
Su evolución continuó con el ascenso al Barcelona B, donde alternó entrenamientos con el primer equipo y disputó algunos amistosos. En la temporada 2015-2016, tuvo un papel clave en la consecución del campeonato de Segunda División en el Grupo III, contribuyendo con 14 goles en la histórica campaña del filial. Al final de la temporada, su rendimiento le valió el ascenso definitivo al primer equipo, dirigido en aquel entonces por Xavi Llorens.
¿Merecía la pena?
Aitana empezó en el Barcelona cuando todavía no existía una Masía femenina, y tenía que desplazarse en transporte público durante una gran cantidad de horas todos los días.
Viajaba tres horas diarias en bus y tren para ir y volver de los entrenamientos, acompañada de su padre y con la carretera como su segunda casa. Estudiaba, hacía los deberes, comía y en general vivía una parte de su vida en esas condiciones. Algo que le hizo tener muchas dudas y replantearse dejarlo por el gran sacrificio que tenía que hacer siendo todavía muy joven. Porque esas horas en transporte público, más los entrenamientos y no querer abandonar sus estudios, fue una suma de factores que hizo que se perdiera muchas cosas de una persona normal de su edad.
Pero Aitana también tenía claro que quería dedicarse al deporte que amaba y ante la oportunidad de hacerlo en un club que la llenaba de ilusión no podía dejar pasar la oportunidad. Continuó con esa rutina hasta que poco a poco se fueron dando las cosas hasta llegar a formar parte del primer equipo.
¿Os imagináis como hubiera sido el fútbol femenino en España, y todo el mundo, si en esa etapa Aitana hubiera dejado de lado el deporte por las adversidades que tenía? Yo tampoco. La famosa cita de que «el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al otro lado del mundo» se puede aplicar aquí, ya que si Bonmatí siendo una joven promesa sin saber todo lo que tenía por delante lo hubiera dejado, hubiera cambiado toda la historia del deporte tal y como la conocemos. Hay que estar agradecidos de que esa Aitana que viajaba en bus haciendo la tarea mientras iba a entrenar haya tenido la resiliencia de mantenerse en el camino que años más tarde nos haría disfrutar de una de las más grandes de la historia.
Imagen de portada vía Aitana Bonmatí en redes sociales
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