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Jenni Hermoso y el odio en Internet

Jenni Hermoso y el odio en Internet

Un chico cualquiera, de cualquier sitio de España, está en su casa sentado en el sillón aburrido. Lo siguiente que hace es coger su teléfono y entrar en su cuenta de Instagram. Una vez dentro de la red social, se le ocurre lo que para él en ese momento es una gran idea. Entra en el buscador, escribe «@jennihermoso» y abre los mensajes tras ver el perfil. A continuación le envía un audio diciéndole de todo menos cosas bonitas.

Otro sujeto, replica lo mismo pero con otro proceso. Se encuentra navegando por su cuenta de X, que siempre será conocido como Twitter, y le sale en su timeline una publicación que habla de Jenni Hermoso. Da igual de qué sea el post, si es un gol o una foto suya con estadísticas en el tweet. Por la mente de este usuario solo pasa responder diciendo cualquier insulto que se le ocurra mientras teclea.

Estos ejemplos se repiten de mil formas y en cualquiera de las redes sociales. Y muchas veces Jenni tiene que aguantarlo en sus propias publicaciones o su bandeja de mensajes. Eso es lo que tiene que soportar, seguramente a diario, desde el Mundial en el que se proclamó campeona.

Desde que Jenni y la selección española ganaron este prestigioso torneo, las redes sociales han sido tanto un espacio de celebración por parte de los amantes del fútbol femenino como de ataques por parte de lo que llamaremos «la plaga de Internet». Porque luego esa gente en la vida real no se atrevería a decirle eso a Jenni.

Lo que debería haber sido un tiempo para compartir el gran éxito de un Mundial se ha convertido, para muchas deportistas como Hermoso, en un auténtico campo de batalla virtual donde el odio, los insultos y el machismo proliferan, empañando un momento histórico para el deporte nacional.

Este tipo de acoso que está sufriendo Jenni desde entonces.

Por desgracia no es algo nuevo. En el caso de las mujeres en el mundo del deporte se han pasado los límites con normalidad. Se va más allá de lo que son como profesionales y se llega a tocar su vida privada, su apariencia física o simplemente el hecho de ser mujeres destacando en un espacio que muchos hombres piensan que es solo para ellos.

Además está el factor del anonimato que dan las redes sociales, porque a falta de consecuencias en Internet se facilitan este tipo de comportamientos. Como en el caso del chico que envía un mensaje ofensivo desde el sofá, se siente con el poder de agredir sin pensarlo dos veces y olvidándose de que las deportistas son personas igual que él.

¿Cómo se sentirían esos anónimos de Internet teniendo que soportar cosas como las que está viviendo Jenni? ¿Qué pensarán las mujeres de su familia sobre esto? Dos buenas preguntas.

Por otra parte, hay que contar con el punto de que los algoritmos de las redes fomentan que la plaga de haters que las habitan tengan este tipo de comportamientos una y otra vez. Los comentarios más agresivos generan más interacción ya sea por apoyo o gente que piensa lo contrario, y esto hace que se difundan más y que consigan su minuto de fama. Por lo que las redes en su fomentan que quienes atacan vean reforzados sus comportamientos y se vengan más arriba. Mientras tanto y en el otro extremo están las víctimas de este acoso virtual como Jenni. Estas mujeres se enfrentan a una lluvia constante de odio que les afecta no solo a ellas y su carreras, sino también a las generaciones más jóvenes que ven lo que les podría esperar siendo profesionales.

El problema es, sin ningún tipo de duda, algo cultural. El machismo y la misoginia están muy presentes en nuestra sociedad y en muchos de los casos está normalizado en familias, grupos de amigos y etcétera. Lo que ocurre en las redes es un reflejo, y el caso de Jenni es un recordatorio de que la lucha por la igualdad en el deporte aún tiene mucho camino por recorrer. Y no solo pasa entre las deportistas, en general pasa en prácticamente todos los niveles y los ámbitos de la vida.

Es muy triste que las mujeres tengan que soportar el odio por destacar en lo que hacen y tener que vivir situaciones tan desagradables como la de Jenni tras el Mundial. El deporte, como cualquier otro espacio de la vida, debe ser un lugar donde el respeto y la admiración prevalezcan sobre el odio. Que sea un motor que sirva para que en la sociedad empiece a verse un cambio real. Pero para que esto deje de ser una utopía, la sociedad necesita madurar mucho y entender que la igualdad es necesaria.


Imagen de portada vía Federación Española de Fútbol

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