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Valentina Shevchenko: El camino de una campeona hacia la eternidad

Valentina Shevchenko El camino de una campeona hacia la eternidad

Para entender la grandeza de Valentina Shevchenko, es necesario conocer sus raíces. No nació en la comodidad ni en la facilidad, sino en un entorno donde la disciplina y la determinación eran la norma en el día a día. Creció en Frunze, la actual Biskek, Kirguistán, una tierra marcada por la herencia soviética y el espíritu de lucha de sus habitantes. En su familia, el esfuerzo y la perseverancia no eran solo valores, sino el único camino que tenían muchas personas.

Su madre, Elena Shevchenko, no solo fue una figura materna, sino una inspiración para Valentina. Una líder, una campeona. Como presidenta de la Federación Nacional de Muay Thai de Kirguistán y múltiple campeona en este arte marcial, Elena inculcó en sus hijas la pasión por la lucha y el respeto por la disciplina.

En casa, no había excusas; solamente había entrenamiento, trabajo duro y una mentalidad inquebrantable que fortalece la mentalidad. Bajo la guía de su madre y de su entrenador Pavel Fedotov, Valentina entendió desde pequeña que la victoria no era un derecho o un golpe de suerte, sino un premio ganado con sangre, sudor y sacrificio.

Desde los cinco años, se adentró en el mundo del taekwondo, pero su verdadero bautismo llegó más de un lustro después, a los doce. En una decisión que hoy parece legendaria, su equipo la puso a prueba enfrentándola contra un oponente 10 años mayor que ella, un rival de 22 años. Tenían mucha fe en la joven Shevchenko.

En aquel combate, nadie esperaba que la niña pudiera aguantar demasiado, y mucho menos ganar. Pero Valentina no era una niña común. Su velocidad, su técnica y su frialdad sorprendieron a todos, y con una contundencia asombrosa para su edad, no solo compitió, sino que ganó. Aquel día, fue mucho más que una victoria. Shevchenko dejó claro que no tenía miedo, que estaba dispuesta a enfrentarse a cualquiera y que su destino no sería el de una simple peleadora, sino el de una leyenda que escribiría su nombre en los libros de historia.

A medida que su carrera en el muay thai y el kickboxing avanzaba, se consolidó como una de las mejores del mundo en artes marciales. Con más de 90 victorias y ocho campeonatos mundiales en la Federación Internacional de Muay Thai Amateur (IFMA), su dominio era absoluto y estaba teniendo un ascenso estratosférico.

No solo vencía, sino que aplastaba a sus rivales con una precisión quirúrgica y un aura de campeona única. Entre sus víctimas estuvieron futuras campeonas de UFC como Joanna Jędrzejczyk, a quien superó en múltiples ocasiones midieron sus fuerzas. Shevchenko no solo estaba conquistando su disciplina, sino que estaba pavimentando el camino para la siguiente estación de su viaje.

El salto al octágono

En 2003, debutó profesionalmente en las artes marciales mixtas, consiguiendo una racha invicta en sus primeras siete peleas. Sin embargo, durante varios años puso en pausa su carrera en MMA para centrarse en el muay thai, donde ya había triunfado. No sería hasta 2010 cuando retomaría el camino que la llevaría a la UFC, la mejor compañía del mundo. En 2015, firmó con Legacy Fighting Championship, y poco después, su talento la llevó al escenario más grande de todos en cuanto a artes marciales, la Ultimate Fighting Championship.

Debutó en la UFC en diciembre de ese mismo año, enfrentando a Sarah Kaufman, una veterana y excampeona. Shevchenko tomó la pelea con apenas unos días de aviso, pero aún así, su dominio fue claro y empezó a marcar lo que acabaría siendo su territorio. Con cada pelea, fue cimentando su legado, enfrentando a las mejores del mundo y demostrando que no solo estaba ahí para competir, sino para reinar. Convirtió el mejor octágono del mundo en el patio de su casa.

Uno de los momentos más cruciales de su carrera llegó en 2016, cuando enfrentó a Amanda Nunes, una rival que con el tiempo se convertiría en su mayor desafío y una rivalidad histórica. Aunque cayó por decisión en dos combates cerrados, Shevchenko nunca perdió el enfoque. Regresó más fuerte, con la mira puesta en un nuevo objetivo: el cinturón de peso mosca.

En 2018, su momento llegó. En una pelea histórica contra Joanna Jędrzejczyk, capturó el título de peso mosca de la UFC, convirtiéndose en la primera campeona de su división y su nombre se escribió en los libros del deporte. Desde entonces, ha defendido su corona con una autoridad casi inhumana, demostrándole al mundo que no solo era la mejor, sino que estaba en una liga propia.

Por último, tuvo una gran rivalidad contra la mexicana Alexa Grasso. Unas peleas para el recuerdo y después de terminarse sus duelos, Shevchenko se quedó con el título en sus manos.

Más allá del combate

Pero Valentina Shevchenko no es solo una luchadora. Su identidad va mucho más allá del octágono y las artes marciales. Su mentalidad competitiva y su amor por la precisión la llevaron a otra pasión inesperada: las armas de fuego. No como herramienta de violencia ni mucho menos, sino como una extensión de su disciplina. Es una competidora de alto nivel en tiro deportivo, participando en torneos de armas de fuego y demostrando una puntería que rivaliza con su precisión en el octágono. Para ella, disparar es un arte, una forma de perfeccionar la concentración y el control absoluto del cuerpo y la mente.

Además, hay otra faceta de Valentina que muchos desconocen: su amor por el cine. No es solo una aficionada; estudió Dirección Cinematográfica en la Universidad Nacional de Artes de la República Kirguisa y en 2021 recibió el título de Profesora Honoraria. Le apasiona contar historias, capturar emociones y trasladar la intensidad del combate a la pantalla. Ha participado en la producción de documentales y cortometrajes, y es fácil imaginarla, en un futuro, llevando su experiencia en el octágono a la gran pantalla, quizás como directora o incluso como actriz.

El legado de una guerrera

En 2019, el presidente de Kirguistán, Sooronbay Jeenbekov, le otorgó la Orden de Dank, uno de los mayores honores nacionales, en reconocimiento a su impacto en el deporte y su contribución a la imagen de su país en el mundo. Se convirtió en la cara de una nación. Aunque también representa a Perú, un país clave para su entrenamiento y que lo ve como una segunda casa.

Shevchenko no es solo una campeona, es una leyenda del deporte que nunca será olvidada. No es solo una atleta, es una artista, una mente brillante que destaca en todo lo que hace y una mujer cuya determinación no conoce límites. Ha demostrado que la grandeza no es solo cuestión de talento, sino de sacrificio, inteligencia y pasión. Cada pelea, cada disparo y cada historia que cuenta es una prueba de su excelencia.

Ya sea en el octágono, en un campo de tiro o detrás de una cámara, Valentina Shevchenko seguirá dejando su huella en el mundo. Es más que una luchadora; es una leyenda viva.



Su conexión con Perú

La misma dedicación que la impulsó a alcanzar su máximo potencial también la llevó a explorar otras culturas. En 2008, su entrenador, Pavel Fedotov, decidió que Sudamérica sería el lugar ideal para llevar a La Bala a otro nivel. Fue así como llegó a Lima, donde comenzó a impartir charlas y clases de Muay Thai, lo cual captó rápidamente la atención de los peruanos. Este vínculo creció rápidamente, y poco después, Valentina empezó a representar a Perú, llevando su bandera con orgullo y ganando 10 campeonatos mundiales.

Hoy en día, Perú se ha convertido en el hogar de Valentina Shevchenko, un lugar donde encontró las condiciones ideales para entrenar y seguir evolucionando. Gracias a su tiempo allí, logró mejorar de manera significativa hasta alcanzar la cima del mundo de las artes marciales mixtas. Esta noche, ella podría alcanzar la gloria máxima por la cual ha trabajado incansablemente.



Imagen de portada vía Valentina Shevchenko en redes sociales


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