
«¿Dónde están las mujeres ricas? Estoy muy decepcionada con las mujeres que tienen mucho dinero«. Esto lo dijo Diana Taurasi hace años, haciendo referencia a que hacen falta más mujeres en cargos altos e invirtiendo en los equipos de deporte femenino. Pero todo eso está cambiando.
El deporte femenino está viviendo una revolución que también tiene influencia en la sociedad. Durante décadas, las atletas han luchado por visibilidad, inversión y reconocimiento en un ecosistema dominado por el deporte masculino en la mayoría de disciplinas.
Ahora, la historia está cambiando. No solo estamos viendo un auge en la calidad y audiencia de las competiciones femeninas, sino también a las propias deportistas tomando el control del futuro del deporte gracias a empezar a amasar sus fortunas. Un ejemplo claro de este cambio es Sabrina Ionescu, estrella de la WNBA y campeona olímpica, quien ha decidido invertir en Bay FC, un equipo de la NWSL, convirtiéndose en inversora y asesora comercial del club.
Ionescu no es solo una jugadora de baloncesto de élite; es una pionera que ha entendido que el cambio no solo viene desde la cancha, sino también desde la toma de decisiones en las oficinas y que sean las propias mujeres las que invierten en deporte femenino.
“Estoy emocionada de unirme a Bay FC como inversora y asesora comercial. Como alguien con raíces en el Área de la Bahía, creo en la visión del club y en su potencial para impactar significativamente en el fútbol femenino. Estoy ansiosa por trabajar con Bay FC para continuar impulsando el crecimiento de este deporte y empoderar a las atletas dentro y fuera del campo”, afirmó Sabrina en la presentación de su figura en el club.
Su decisión de invertir en Bay FC no es un movimiento aislado. En los últimos años, hemos visto a más mujeres invirtiendo en ligas y equipos femeninos, comprendiendo que el fútbol, el baloncesto y otros deportes no pueden seguir dependiendo de modelos económicos que prioricen exclusivamente el masculino. Ellas quieren ocupar su lugar en este escenario y hacer un cambio de paradigma. La NWSL ha atraído inversoras de la talla de Serena Williams, Naomi Osaka y Alex Ovechkin, demostrando que el deporte femenino es una oportunidad real de negocio y no un proyecto de caridad. Otros ejemplos los tenemos en la WNBA con Renee Montgomery en Atlanta Dream o Sue Bird en Seattle Storm.
Ionescu, quien ya ha dejado huella en el mundo del deporte de mil maneras, entre ellas con su trayectoria o su línea de zapatillas unisex con Nike, está llevando este cambio a Bay FC. Con solo 27 años, ha demostrado que las atletas pueden y deben tener un rol más activo en la transformación del deporte. Hay cosas que si no las hacen ellas, nadie va a hacerlo.
Brady Stewart, CEO de Bay FC, dejó claro el impacto de la llegada de Ionescu. “Sabrina es una innovadora dentro y fuera de la cancha. Su trabajo para abrir nuevas oportunidades a los atletas profesionales se alinea con la misión de Bay FC. Su pasión y visión nos ayudarán a seguir revolucionando el panorama deportivo”, afirmó.
La decisión de Ionescu de apostar por el fútbol femenino llega en un momento en el que la NWSL está en plena expansión y consolidación. Bay FC, uno de los clubes más nuevos de la liga, iniciará su temporada el 15 de marzo contra Utah Royals FC, con la mirada puesta en convertirse en un referente. La llegada de inversionistas como Ionescu no solo refuerza la estructura económica del club, sino que también envía un mensaje claro: las mujeres están tomando el control de su propio futuro en el deporte.
Este movimiento forma parte de una tendencia en la que las deportistas dejan de ser simples protagonistas en la cancha para convertirse en líderes empresariales y mujeres que generen un antes y un después. El crecimiento del deporte femenino no depende exclusivamente de la buena voluntad de grandes empresas o de la lucha por mejores condiciones; también pasa por que las propias mujeres sean quienes diseñen el futuro del negocio deportivo. Por eso, deportistas como Ionescu, Bird o Williams son muy importantes en esta sociedad.
La inversión de Ionescu en Bay FC es una declaración de intenciones. No es solo un gesto simbólico, sino una apuesta tangible por un futuro donde el deporte femenino tenga el reconocimiento y la inversión que merece. Las nuevas generaciones de atletas no solo competirán en igualdad de condiciones, sino que también estarán al mando de la industria. El futuro del deporte ya no se escribe sin mujeres.
Imagen de portada vía Bay FC
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